Érase una vez … el CERN

Esto parece que ya va en serio. A las 18 h nos hemos reunido con los organizadores del programa, Francisco Barradas-Solas, Pablo García-Abia i Jeff Wiener.

No negaré que la tarde ha empezado bien: zumos, canapés, cervezas, refrescos … aunque supongo que es la manera de que no echemos a correr después de ver el programa previsto.

Tras la introducción lúdico-festiva hemos hecho un breve recorrido por las instalaciones, guiados por los comentarios entre nostálgicos y místicos de Pablo.

¿Sabéis el lujo que supone que alguien que llegó aquí durante los años 80 del siglo pasado te hable del auditorio principal del CERN, de la importancia de los archivadores de la biblioteca, o te muestre el lugar exacto en el que se instaló durante un año el primer servidor web del mundo (¡y te confiese que en ese tiempo nadie le prestaba mucha atención!)? Pues lo siento por vosotros, pero yo lo he vivido.

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Hemos pasado por el pasillo donde trabajó Tim Berners-Lee, y lo hemos colapsado a base de selfies y fotografías a la placa conmemorativa que podéis apreciar en la imagen. ¡Bendita mitomanía!

Y seguidamente, ya hemos llegado a la que va a ser posiblemente nuestro verdadero “centro de operaciones” durante esta semana: una sala de conferencias del edificio 13, con una cierta solera. Podréis haceros una idea de la magnitud de la “solera”, si os digo que las mesas de trabajo llevan incorporado un cenicero individual. Prometo colgar la foto en breve …

Allí nos han detallada el programa, haciendo especial énfasis en la puntualidad y densidad de las actividades. Es verdad que no veníamos engañados, y que ya sabíamos que las jornadas empiezan sobre las 8:30, y finalizan alrededor de las 19 h.

Tal y como ha dicho Paco Barradas, el programa es denso, y ha de ser así: los recursos públicos que nos está dedicando la sociedad exigen un retorno acorde. Y ese retorno empieza por el aprovechamiento del tiempo a lo largo de nuestra estancia.

Y para acabar, cena obligatoriamente frugal en el restaurante, puesto que hemos llegado cuando ya habían cerrado la sección caliente de la cocina. Eso sí, la escasez de oferta se ha visto compensada ampliamente por el entorno, la conversación y las vistas del MontBlanc reflejando la luz rosada de la puesta de sol. No soy muy de detalles poéticos, pero hay que reconocer que la imagen se los valía.

De camino a la habitación, me despide la estatua de Lord Shiva que el gobierno de la India donó hace unos años, y que permitió a Carl Sagan enlazar la tradición más ancestral con la investigación más avanzada.

Por cierto, una de las imágenes de esta entrada contiene un elemento o texto erróneo. ¿Lo habéis encontrado …?

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2 comentarios en “Érase una vez … el CERN”

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