Que esto del curso iba en serio …

Estoy seguro que todos los asistentes al programa, por un motivo u otro, esperábamos el día de hoy con una cierta impaciencia. A fin de cuentas, la tarde de ayer tan sólo sirvió para ponernos los dientes un poco largos y empezar a tantearnos socialmente.

Y, por suerte, creo que las expectativas se han cumplido ampliamente. Las actividades han sido muchas y muy diversas, y en general todas han cumplido su cometido a la perfección, al menos desde mi punto de vista. También hay que tener en cuenta que en el grupo tenemos perfiles muy diversos, y eso posiblemente significará que las conclusiones pueden ser muy diferentes.

A mí, por ejemplo, me ha llamado mucho la atención la actitud de los tres ponentes de la sesión matinal: Isabel Bejar Alonso, Jorge Martín Camalich y Luis Roberto Flores Castillo. Aunque sus perfiles estaban muy alejados, todos ellos han conseguido transmitirnos claramente su pasión por el trabajo que realizan, así como por la importancia de la investigación científica y la existencia de instituciones como el CERN.

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Pero las charlas no sólo han sido pasión. También hemos conocido el concepto clave del CERN, según Isabel: coopetition = collaboration + competition. Una idea que resume el espíritu de los diversos equipos que trabajan en el centro. Jorge nos ha presentado el modelo estándar de forma que casi parecía fácil (o eso iba diciendo él), y Luis ha conseguido emocionar a más de uno y de una al recordarnos que todos somos polvo de estrellas, y hacer mención especial a nuestra responsabilidad con los alumnos.

Tras la comida (según horario europeo: ¡ 11:40 am !), era el turno de la computación y la gestión de información: ¿cómo tratar la cantidad ingente de datos que se generan en el CERN, que son del orden de 1 Pb por segundo? ¿Cómo garantizar su conservación en el futuro? ¿Cómo dar respuesta a los desafíos que acompañan a los nuevos proyectos del CERN? De todo esto nos ha hablado Maite Barroso López, y hemos podido complementar su charla con una visita a las instalaciones del Data Centre.

Por si alguien se había quedado con ganas de más física de partículas, Héctor García Morales ha hecho gala de sus dotes de divulgador científico para mostrarnos las peculiaridades de la antimateria: qué es, cómo se forma, cuánto de exótica es …

Estaba previsto que para complementar esta charla visitásemos la “fábrica de antimateria” del CERN, pero debido a un incidente menor ocurrido durante la semana pasada, el acceso estaba restringido, y en vez de eso hemos accedido a las instalaciones del LEAR (Low Energy Antiproton Ring), actualmente transformado en LEIR (Low Energy Ion Ring), y cuyas funciones originales realiza actualmente el AD (Antiproton Decelator).

La última visita programada nos ha mostrado el primer acelerador del CERN, el sincrociclotrón, construido en 1957 en el interior de un edificio con muros de hormigón de cinco metros de espesor, y que estuvo en funcionamiento hasta 1990.

Gracias a un espectáculo audiovisual muy innovador y didáctico, hemos podido trasladarnos a diferentes momentos clave en la historia del CERN, desde su conceptualización por parte de Louis de Broglie a finales de los años 40. Imágenes de época y diversos fragmentos de entrevistas nos han permitido recorrer la trayectoria de este “pequeño” acelerador que permitió al CERN posicionarse como un referente mundial en física de partículas.

El fin de fiesta prometía ser espectacular: taller de rayos cósmicos. Teníamos todos los ingredientes: docente de lujo (Paco Barradas), espacio inmejorable (Council Chamber), y predisposición absoluta.

Ahora bien, como siempre que programas una actividad práctica para el aula, los problemas técnicos han sido diversos, empezando por la calidad de la conexión a Internet.

Lo cierto es que las horas tampoco acompañaban, y las fuerzas empezaban ya a abandonarnos a todos (profesores y organizadores), así que después de dar las indicaciones imprescindibles y garantizar que todos teníamos claro qué hacer, hemos decidido poner punto y final a las actividades del día. Además, ninguno tenía ganas de volverse a quedar sin cena, así que hemos decidido por aclamación irnos al restaurante y dejar el análisis de las trazas para otro momento.

De todos modos, el día aún deparaba una sorpresa final: en el trayecto al restaurante hemos pasado frente al auditorio. Una de las características que más me han llamado la atención estos días es que en la mayoría de espacios las puertas están abiertas en todo momento.

Y una oportunidad así no se podía desaprovechar. Estaba vacío, pero si cerrabas los ojos aún podías sentir la energía de todos los presentes en aquel emocionante 4 de julio de 2012.

Y con energías renovadas (la cena también ha ayudado, para qué negarlo), he puesto punto y final a este primer día. La despedida de hoy nos recuerda que “la vida iba en serio”, y que el programa de profesores de español, también.

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